El agua no tiene precio

1 Marzo del 2001

Si usted está en una zona desértica, el sol está en el cenit, el calor es infernal y por error se le terminó su ración de agua ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por un vaso de agua?

A pesar de ser el agua un recurso tan abundante, es imposible darle un valor que esté de acuerdo con su importancia. Los seres humanos definen la importancia del agua de acuerdo a su disponibilidad y a su requerimiento por parte de la comunidad.

Con la implementación de los acueductos rurales se cometió el error de expresar el costo por entregar el agua en las viviendas, en términos de cobrar el agua. Es decir, las comunidades rurales creen que lo que se les cobra es el agua y no tienen claro que lo que se les cobra es el servicio de llevarla hasta su casa. Lo anterior creó forzosamente en algunas comunidades la cultura de pago por el agua, la cual choca con la cultura popular de que el agua es un recurso natural o regalo de Dios, que gratuitamente llega del cielo gracias a la lluvia y que por obvias razones no hay porqué pagarla.

Hoy en muchas comunidades rurales de diferentes países y culturas se puede apreciar este sentimiento, con algunas variaciones, por ejemplo:

  1. El campesino que vive en zonas de alta lluviosidad, no acepta que tenga que pagar por un recurso que día a día se invierte en la conformación de ríos y quebradas, especialmente en las épocas de invierno.
  2. Las comunidades que han recibido los acueductos en donación y no han sido parte fundamental de su desarrollo, no le dan al agua el valor que tiene y su cultura es de derroche.
  3. El campesino que vive en una zona árida, donde muy pocas veces llueve, tiene una percepción del costo del agua muy diferente, lo más seguro es que acepte un mayor valor y adicionalmente sea más recatado en su consumo.

Por las razones anteriores es necesario comenzar con un cambio cultural en todos los esquemas que busquen mostrar al agua como un producto comercial; debe quedar claro que no se cobra el agua sino el servicio de entregarla en sus viviendas y que el costo adicional de este servicio va a depender de su calidad, concebida como si es o no agua potable y de su disponibilidad en todo momento. Es necesario comenzar con una gran campaña cultural que permita cambiar los conceptos antiguos del valor del agua, para su logro se debe iniciar en las escuelas de niños y de adultos, en los informes de los periódicos y comerciales de televisión, las propagandas y las facturas de cobro de todos los acueductos.

El agua no se vende, se cobra el servicio de tenerla en cantidad, calidad y en todo momento.

Para lograr lo anterior con éxito, es importante que los usuarios sepan que hay detrás de sus grifos, ellos deben estar concientes de que los acueductos para cumplir con su objetivo, deben realizar inversiones en construcción de obras civiles como captaciones, tanques desarenadores, tanques de almacenamiento, colocación de redes hidráulicas o el cambio de las redes antiguas que no garantizan un completo control de pérdidas o que no tengan los diámetros para entregar los caudales que requieren los incrementos de consumo de las comunidades, la implementación de plantas de tratamiento, la presencia en todas las viviendas de micromedidores, la implementación de controles que permitan detectar pérdidas en las redes, entre otros.

Para los usuarios debe quedar claro que todo esto funciona si se dispone del dinero suficiente para contratar personal calificado que administre, diseñe y calcule, construya, controle, realice mediciones, realice las labores de fontanería, asesores, y demás personal requerido para que el agua esté en todo momento en el grifo de su casa.

Ahora bien, si por ese servicio no se cobra lo necesario, se pueden presentar los siguientes problemas:

  • Va a ser imposible conservar y menos comprar las áreas donde están las fuentes de agua. En el futuro, si se secan los nacimientos, nadie puede garantizar la presencia del recurso en sus viviendas, la economía de hoy se puede convertir en el caos del mañana y las comunidades pierden las garantías futuras de poder continuar viviendo en dichas zonas.
  • Sin dinero lo más seguro es que no se podrán instalar micromedidores en cada vivienda ni macromedidores a la salida de los taques que permitan detectar los fraudes o las pérdidas de agua. Si la tubería presenta fugas el problema se va a agudizar especialmente en los veranos, la comunidad tendrá que someterse a rigurosos racionamientos y se entregará menos agua en sus viviendas.
  • Si las fugas no se detectan, el agua de los nacientes, pozos y quebradas va a formar corrientes diferentes a las establecidas por la naturaleza, produciendo deslizamientos, erosiones y otros problemas.

En muchas comunidades se presenta un gran temor a la instalación de los micromedidores, aceptan el medidor de energía y teléfono pero no el de agua, su posición es clara, ellos quieren un servicio de agua a muy bajo costo y de esta forma continuar con su consumo sin control, lo que ellos ignoran es el daño que le están haciendo a su región y a ellos mismos. Al carecer el acueducto de micromedidores, es imposible tener control del consumo en épocas de verano o en zonas áridas. Esta situación puede ser aprovechada por algunos miembros de la comunidad para incrementar su consumo con el fin de tener bien cuidada su grama y sus pesebreras impecables, olvidando que sus vecinos carecen del recurso para sus más elementales necesidades. A veces es normal escuchar que alguien comenta: “Sí yo pago por el agua, yo puedo hacer con ella lo que me de la gana”.

Está demostrado que un servicio de agua barata sin control significa desperdicio. Si las comunidades están situadas en zonas de abundante presencia de agua y se adoptan tarifas económicas que no permitan la instalación de micromedidores, se tiene como consecuencia el derroche del agua, lo cual implica que mucha agua natural se va a convertir en agua contaminada  sin ser utilizada con eficiencia, aumentando de esta forma los volúmenes de agua residual y la contaminación ambiental con olores desagradables. Además es posible  que en los veranos se atente contra el paisaje y la biodiversidad al dejar las quebradas sin agua corriente por el exceso de consumo.

Recordemos que en el futuro todos los países del mundo, especialmente aquellos que tienen sus ojos puestos en el turismo internacional, tendrán que tratar las aguas residuales a unos costos elevados. Si comenzamos desde hoy a tener la cultura de no contaminar el agua, el tamaño y costo de estos equipos va a ser menor. La experiencia nos muestra que: Es más económico no contaminar (culturizar) que descontaminar.

Este artículo fue publicado en la Revista «Nuestro aporte» del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados el día 1 Marzo del 2001

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